Cerro Moño desde el Valle del Atuel

Espectacular expedición en solitario para firmar la segunda ascensión en la historia del cerro

Prólogo

25 de noviembre 2023

Sobre las 17h abandono El Sosneado, última civilización antes de afrontar la expedición. He decidido contar el relato del acceso por el Valle del Atuel en una entrada separada, relatando la magia de este característico lugar. Te animo a descubrir de primera mano por que he decidido que este valle merecía una buena visita. Comprenderás los lazos sentimentales y datos geográficos que hacen de este un enclave único.

Tras terminar de cenar, me voy al coche donde me tomo un ibuprofeno y comienzo con antibiótico. Me duele la garganta y tengo tos y flemas. Me recuerda a episodios anteriores en Inglaterra y Francia, donde me vino genial el antibiótico. La noche la paso el el coche. Muy mala. Hace unos 0 grados pero no sé lo que me pasa. Abro la mochila y me pongo el plumas porque tengo frío (además de camiseta y dos forros) y luego agarro el saco de dormir… para -15 grados. No tengo calor. Es muy raro. Mi organismo está alterado. Pero quiero salir sí o sí. El Valle de las Lágrimas me espera.

Relato

26 de noviembre 2023

Cuando dan las 7h preparo de nuevo la mochila que he deshecho por la noche. La luz ya ilumina las cumbres del valle y pronto iluminará directamente el propio río Atuel. Es la primera dificultad del día. Cruzar este cauce no va a ser tarea fácil. El agua, color chocolate, desciende con fuerza aunque a esta hora el caudal es el mínimo. Voy buscando el lugar donde más se ramifica el río y finalmente decido quitarme los pantalones y las botas y cruzar (0h10, 2170m). Con el agua hasta las caderas, cuando ya me quedan pocos metros, la corriente me arrastra río abajo unos 10 segundos. Allí llego a la orilla, empapado. El río Atuel ha sido peor de lo que parecía. Toca hacer balance de daños. Toda la ropa que tengo puesta está empapada. Dentro de la mochila, el saco esta mojado (peligro porque es de pluma natural) pero el abrigo de plumas no. Me quito toda la ropa y me pongo el plumón. A partir de ahora llevaré colgando de la mochila numerosas prendas para que se vayan secando. Esto no es lo mejor para mi resentida garganta. La corriente se ha llevado mis calcetines. Tengo otros de repuesto. 

Tras recuperar ánimos, prosigo encarando la entrada al Valle de las Lágrimas, dirección O. Un cartel indica que es un terreno privado y que hay que pagar y registrarse. Hablando días antes con un compañero, me comentó que ni se me ocurra. Aseguró que en argentina hay mucho cretino que dice que las tierras son suyas cuando no lo son. Avanzo por el camino que va al campamento Barroso y tras una pequeña subida inicial ya aparece todo el valle. El Cerro el Moño aparece en frente, el Cerro Seler al fondo del valle, algo más tapado. Se transitan laderas de escasa vegetación siempre por el N del Río de las Lágrimas. Tras cruzar el arroyo Rositas (3h50, 2450m) (no es sencillo), pierdo la senda y me hago un lío tremendo para volver a encontrarla. Al final debo descender por unas paredes de roca podrida hasta llegar de nuevo al camino pegado a la orilla N del Río de las Lágrimas. Allí descubro algo que me horroriza. El sendero cruza al otro lado del cauce (normalmente lo hacen montados a caballo), pero atravesarlo ahora a pie es imposible. El río tiene dos sonidos: el clásico del agua y sus cascadas y rápidos, y otro que me parece terrorífico: bajo el agua, suenan las rocas del fondo chocando unas con otras. El río esta arrastrando rocas hacia abajo, por lo que poner un pie allí es cuanto menos peligroso. Continúo cerca de 1km por la desastrosa margen N del río sin esperanzas de poder cruzarlo. El avance es penoso y la piedra se cae y desliza. Demoro más de 1h en recorrer esta escasa distancia y el pesimismo empieza a apoderarse de mí. 

De repente veo un puente de nieve que me permite atravesar el río por encima. Con algo de cuidado y de forma valiente, no dudo y tomo ventaja de este puente natural (6h30, 2460m). Precipitarse al río es sinónimo de graves problemas. El cauce me arrastraría con fuerza. Asciendo posteriormente una fuerte pendiente que me aleja del barranco y paro a descansar para analizar la situación actual ya en el otro margen del cauce. El río de las Lágrimas es imposible cruzarlo a pie. No puedo continuar al Cerro Seler. Trataré en los próximos días de llegar a la cumbre del Cerro Moño. Ya muy cansado llego a 2500msnm, un kilómetro antes de alcanzar el campamento Barroso y planto la tienda de campaña. Me parece un buen lugar para montar el C1. Tomo antibiótico e ibuprofeno y descanso. Este día me ha resultado muy duro. Creo seriamente que no podré coronar el Cerro Moño. He perdido la senda en varias ocasiones. El río Atuel y el Lágrimas han menguado mis fuerzas. Estoy algo desmotivado, creía que estaba físicamente más fuerte. 

En los momentos en los que me siento fuerte es difícil pararme, pero sé que ahora debo suplir esta debilidad física con fortaleza mental. Estas ascensiones son de otra dimensión, y más si se realizan en solitario. Requieren unos esfuerzos mentales y físicos tremendos. Siempre habrá momentos complejos en los que necesite permanecer mentalmente fuerte. Sabiendo esto, decido tomar un respiro y asumir que en esta primera jornada no he avanzado como me hubiera gustado, pero mañana será otro día.

Me tumbo un par de horas y me despierto a media tarde para rellenar las botellas de un barranco cercano que antes había visto. Las aguas se han tornado completamente marrones. Con el paso del día, el deshielo se ha acelerado y el caudal del barranco ha aumentado, arrastrando barro a su paso. Ese agua no es potable. Analizo situaciones y decido que no me queda otra opción que mover el campamento. Desmonto todo rápidamente porque me quedan un par de horas de sol.

La ruta de la primera ascensión avanza por el fondo de valle tres o cuatro kilómetros más y a una altura cercana a 2750m monta el C1. Yo decido variar la ruta de la ascensión de mis compañeros y encarar directamente el filo NE del cerro. Si subo hasta el filo a 2900m, ya hay nieve y una especie de balcón donde podré montar la tienda. Quedan unos 350m de desnivel y haciendo gala de una fortaleza mental que me sorprendió a mí mismo, supero con buena actitud este imprevisto. No paro de repetirme que estos metros son menos esfuerzos para la jornada de mañana. El terreno es de tierra y piedra suelta, y no puedo evitar algún resbalón sin consecuencias mayores. El peso de la mochila, excesivo, me penaliza tremendamente.

Llego al balcón al inicio del filo NE(2920m) media hora antes del anochecer. Me he tomado este empinado tramo con calma sabiendo que había tiempo. Monto la tienda tranquilamente en ausencia de viento. Fundo abundante nieve (bebo directamente un litro y derrito uno y medio más para la noche) y preparo una sopa de fideos que me sabe terriblemente mal. No soy buen cocinero. Eso es imposible de comer. Me obligo a ingerir una cantidad mínima para tener energía y me voy a dormir. Se prevé una noche tranquila. La luna es llena, parece una superluna. Aparece ligeramente a la izquierda del Cerro Sosneado. Este valle es una delicia. Doy por finalizado el día uno de esta expedición. La dureza del terreno me ha sorprendido, pero estoy satisfecho porque, de momento, no me ha superado.

27 de noviembre 2023

Efectivamente la noche ha sido tranquila. Me he despertado a media noche ligeramente aunque he seguido durmiendo hasta las 6am razonablemente bien. No me siento al 100% pero no tengo nada que decidir. Hoy se sigue subiendo. Preparo para el desayuno una especie de potaje nutritivo que también sabe terrible. Este es incluso peor. Decido dejar aquí en el C1 una bolsa con la comida que no voy a comer y una botella de gas. Así aligero peso en la mochila. Ayer fue un gran handicap.

Fundo más nieve, introduzco una pastilla de vitaminas a una de las cantimploras. Tomo ibuprofeno y antibiótico y prosigo el ascenso. Siempre asciendo por el filo, que presenta algunos metros de nieve/hielo y en los puntos más expuestos al viento tiene roca. Por lo tanto, se puede elegir. El filo no presenta grandes dificultades y siempre se pueden sortear sin peligro algunos salientes más verticales. Cuando comienzo a caminar trato de mantener un ritmo constante sin ser demasiado exigente. Hoy habrá bastante desnivel por enfrentar. Pero me voy encontrando mejor. Con este cambio de sensaciones, y con la aparición cada vez más cercana del Moño, la motivación vuelve a desbordarme.

El filo sube constantemente sin ser una pendiente crítica. Subo rápido y cuando alcanzo los 3400m (1h20) me detengo a descansar. Elijo esa altitud porque es la máxima altura del Pirineo, que es la cordillera que más conozco. Es como una división entre lo conocido y lo desconocido. A partir de ahora entro, de manera mental, en territorio comanche. Ahora el filo ya presenta bastante nieve, aunque no está excesivamente dura y por ello sigo con las botas ligeras. Cuando alcanzo en el filo los 3600m veo que hay alguna pequeña pared vertical en los próximos metros y que sería interesante buscar alguna alternativa. No descarto que se pueda superar sin problema por el mismo filo, pero prefiero quitarme exposición a fuertes caídas. Por ello, desciendo unos metros por la ladera N y tras rodear las paredes por debajo vuelo a encarar una fuerte pendiente para recuperar la arista. 

Antes de hacer este recorrido, que si presenta más dificultad de lo que llevaba el día de hoy, calzo las botas de nieve, los crampones, el piolet y el casco. No es peligroso pero presenta fuerte exposición, y las inclinadas pendientes (45 grados) nevadas hay que respetarlas. Hay caída hasta el río de las Lágrimas (más de 1000m de caída). Con el modo concentrado activo, alcanzo el filo de nuevo (2h40, 3750m) y sé que aquí vuelvo a conectar con la ruta original de la primera ascensión de mis compañeros. En el filo se han formado cornisas. El Cerro el Moño está ya enfrente mío. Retador. Se ve realmente próximo. 

Los próximos pasos buscan descender unos metros hacia el SO para buscar el circo del cerro (Valle interior) donde se plantará el campamento 2. Hay nieve y no puedo descender por el trayecto más lógico debido a las cornisas, así que debo ascender por el filo hasta 3800m y una vez allí encuentro una manera de descender al circo (3h20, 3720m). La nieve está en unas condiciones raras y algunos pasos se hunden varios centímetros y otros son completo hielo. Transito un par de kilómetros de ligero ascenso donde creo que, en ausencia de nieve, aparecen unas pequeñas lagunas. El circo del Cerro el Moño es tremendo. Pura alta montaña. Escarpadas crestas te escoltan en todas direcciones. En la única dirección que se abre, hacia el E (de donde vengo), aparece al fondo el escarpado Cerro Sosneado. Asciendo hasta 4020m (4h50) donde identifico el último lugar asequible para plantar la tienda y mañana tratar de coronar el cerro. A partir de aquí, la ladera E se inclina de manera endiablada hasta desembocar en el Plateau de cumbre.

Fundo nieve, me relajo. Ha sido un gran día. Me muestro algo inquieto porque la canaleta de mañana parece demasiado empinada. ¿Será peligroso en condiciones de nieve? ¿Y las avalanchas? ¿O los derrumbes de roca? Soy la primera persona que va a ascender esta ladera con nieve. Envuelto en esos pensamientos advierto que el viento está aumentando y alguna racha amenaza con doblar mi tienda. Confiado en que no irá a más, sigo relajado. Un par de horas más tarde, una ráfaga de viento arranca de cuajo la mitad de mis anclajes al hielo. Pregunto por satélite a mi madre el pronóstico del tiempo en el vecino Cerro Sosneado (punto más cercano donde consigo predicción). El viento va  aumentar esta noche y mañana. 

Obviamente este no es el lugar exacto de la predicción meteorológica, pero no es buena señal. Empieza a aumentar mi nerviosismo y se convierte en ansiedad. Ligeros calambres en mi mano derecha. Quedan dos horas de luz y debo descender. No sé hasta donde, pero este no es un sitio seguro. Emprendo el regreso casi convencido de que se trata de una derrota, que la cumbre está ya imposible. Cuando desciendo a 3720m, en una pequeña depresión del circo presiento que el viento está más en calma. Queda poca luz y para salir de ahí debería subir hasta el filo y no tengo muchas energías. Ya está decidido. Acamparé allí. El único objetivo es pasar la noche de la manera más segura posible. No pienso en cumbre. He aguantado dos días terribles mentalmente, pero parece que coronar va a requerir un extra imposible. Hago el máximo agujero que puedo con el piolet y entierro ligeramente la tienda para que sufra menos por el viento. Me meto en la carpa y sin cenar ni beber me introduzco en el saco. No puedo fundir nieve porque el viento no deja estabilizar la llama. Solo quiero que las primeras luces de mañana me permitan un descenso asequible.

28 de noviembre 2023

El viento agita con fuerza la tienda durante toda la noche. Paso miedo. Miro el reloj cada escasos minutos. Solo quiero que amanezca y me pueda ir de allí. Detecto alguna racha tremenda cerca de medianoche. Yo cierro los ojos y apreto la mandíbula. En el fondo sé que la tienda debería aguantar, pero la incertidumbre es terrible. Paso las horas sin dormir, pero la tienda resiste y ya a partir de las 5am detecto que el viento ha disminuido ligeramente. 

A las 6am salgo de la tienda. Nunca voy a olvidar la sequedad de la boca y la garganta en ese momento. Viendo que no hace demasiado viento, puedo fundir nieve y eso anima mi estado. Ingiero agua con vitaminas, mientras miro las aristas del cerro. Ahora no se está levantando la nieve ahí arriba, no hay ventisca. El viento ha disminuido. ¿Y si lo intento? Estoy mucho más abajo de lo que debería (300m más abajo es un esfuerzo físico extra considerable) y no he dormido. Pero una energía interna me obliga a intentarlo. No he comido en más de 16h. No me he hidratado correctamente en estas horas. Pero he cruzado el atlántico para estar aquí, no me puedo ir sin intentarlo con tesón. Otra vez, fortaleza mental.

Ya está decidido. Lo intento con todas mis energías, pero tengo miedo. Es normal. Soy primerizo en estas circunstancias. Numerosas cuestiones aparecen en mi cabeza. Hace más de 5 años que no he superado los 4000m de altura, mi hidratación y alimentación estas últimas 24h han sido lamentables. ¿Y si me sienta mal la altitud? ¿Y la deshidratación? ¿Y si me quedo allí sin energías como un pelele y no puedo regresar? ¿Y esas empinadas chimeneas que hay que recorrer para subir al pleteau? ¿La caída de rocas? Fundo dos litros de agua, uno me lo tomo inmediatamente y otro lo llevo en la mochila. A las 7:15am ya estoy en marcha, con las dudas recluidas en un espacio pequeño de mi cabeza. Hay que ser valientes. Los miedos no son racionales y no aportan nada bueno.

Me he hecho una planificación de tiempos. Como muy tarde me admito coronar a las 14h. Trato de subir lento porque aún quedan 1000m de exigente desnivel positivo a altitud reseñable. Pero hoy estoy enajenado. Mi cuerpo parece una locomotora, favorecido por el poco peso de la mochila comparado con días anteriores (solo llevo la ropa de abrigo, agua y una chocolatina). Me sorprendo al alcanzar el lugar del C2 de ayer a 4000m en poco tiempo (0h25, 4030m) y en menos de una hora estoy ya metido de lleno en la canaleta. Es muy empinada, calculo que unos 45 grados. La nieve está perfecta y con crampones y piolet se sube perfecto. Caen algunas piedras, pero lejos. 

Advierto a mano derecha la segunda canaleta, de una inclinación ligeramente superior. Al final de la misma se alcanza a ver la piedra que da paso al plateau. Algunas rachas de viento aparecen, pero en ningún momento amenazan con ser peligrosas y arrancarme del hielo. Cuando llevo una hora de ascenso ya supero los 4300m de altura. Sonrío porque me estoy encontrando inexplicablemente fuerte. La adrenalina y la motivación son armas potentes. Pareciera que hay alguien empujando por mí desde allí arriba. Vuelvo a sonreír mirando hacia arriba. No descarto que, desde donde sea, mi padre me esté enviando fuerzas. Con algo de cuidado por la fuerte caída a mis espaldas, recorro los últimos metros de la canaleta y salgo al pleteau (1h20, 4500m). El viento es algo superior pero ya sé que nada va a detenerme. Me tomo cinco minutos para quitarme los crampones ya que ahora viene una parte de acarreo. Observo el sol saliente por el E. Otra vez parece el Cerro Sosneado a contraluz. Continúo hacia la cumbre en línea recta. Atravieso la pedrera y vuelvo a acceder a la última pendiente helada. Solo me separan 150m de la cumbre.

Cuando se accede al plateau se pueden identificar tres cumbres (la que aparece enfrente (N) es la más baja y presenta un ligero glaciar, al fondo aparece la cumbre O que es la más lejana y parece la más elevada pero no, la cumbre principal es la más al S. Creo que estas tres cumbres surgen de la explosión del cráter del volcán. Posiblemente fuera más alto que el Sosneado. Ahora quedan los restos de ese volcán.

Vuelvo a calzar los crampones para afrontar las últimas rampas y sigo sin confiar que la cumbre que estoy encarando es la verdadera (la cumbre O sigue pareciendo más elevada). Inquieto, compruebo en el mapa que efectivamente voy bien. Subo como una moto. Muy rápido. Esta última pendiente presenta hielo duro debido al viento que castiga. A falta de 15 metros, me vuelvo a quitar los crampones porque solo queda una pequeña trepada en roca. Respiro profundamente antes de apoyar ligeramente las manos para coronar por segunda vez en la historia la cumbre del Cerro el Moño (1h50, 4700m). 

Dejo la mochila y el casco, buenos compañeros de ascenso, dos metros más abajo encastrados en una roca. Me abrigo. Las vistas son espectaculares. La caída hacia la cara S y O es de otra dimensión. Observo, escondida en una roca, una botella. En el interior, la hoja del comprobante de ascensión de Mauro y Seba en 2021 y un moño negro que ellos llevaron para decorar la cumbre. Nada más. Ellos fueron los primeros en pisar esta cumbre. Yo, el segundo. Y en solitario. Me inunda la alegría. Son poco más de las 9am. He subido a un ritmo completamente endiablado. 

Coloco el moño en la cumbre y me saco alguna instantánea. Fotografío todo lo que puedo. Las vistas en todas direcciones. Me concentro en el filo O, que conecta el Cerro Moño con el Cerro Seler. Sobre esa arista el avión de los Uruguayos impactó en 1972, creando una de las historias más importantes de este valle. Una oda a la muerte y, a su vez, a la supervivencia y a la vida. En esa historia se mezcla de manera inseparable la vida y la muerte. Los límites del ser humano.

Comunico por satélite a mi madre que todo está bien, y que estoy en la cumbre. Me viene a la cabeza una pregunta que en ocasiones la gente me hace. ¿Qué hay en la cumbre para que pongas tanto esfuerzo en llegar? Y la verdad, es que en las cumbres nunca hay nada de valor material, pero en cuanto a valor mental y espiritual no cabe duda que es un aporte considerable que me forja como persona.

Hace 12 horas estaba regresando del C2 debido al viento. Y ahora estoy en una de las cumbres que tanto había imaginado. Y vuelvo a sonreír sabiendo que esta fortaleza mental que he demostrado estos días la estaba buscando. Últimamente me estaba costando encontrarla. Quizás porque no estaba lo suficientemente motivado con mis actividades vitales. Pero estos días la he encontrado. He vencido a mis miedos, que ahora parecen absurdos. Pero hace 2h no lo eran. Y hace un par de meses quizás me hubieran controlado ellos a mí. En esta cumbre he encontrado un moño y un papel de mis compañeros (y me ha hecho mucha ilusión), pero también he encontrado partes de mí que estaba buscando. Ahora me siento una persona más completa. Eso he encontrado en esta cumbre. Pero ello es tan valiosa.

Vuelvo a guardar con cuidado la firma de mis compañeros y su moño. La dejo en la misma botella en la misma roca, bien resguardado del viento para que el próximo andinista que venga se encuentre con el recuerdo. Yo no tengo ni papel ni bolígrafo así que no puedo apuntar nada. 

Desciendo hasta los crampones y emprendo el regreso, con cuidado pero sabiendo que las condiciones son buenas. Bajo muy rápido y seguro. Me concentro para encontrar la chimenea de bajada y sin dificultad la encuentro, dando rienda suelta a un descenso de 800m relámpago hasta la tienda (3h00, 3720m). Bebo algo de agua, desmonto el campamento, armo la mochila y sigo el camino de regreso por el mismo recorrido que los días anteriores. 

Ahora toca volver a subir al filo NE, y son unos metros que con la mochila pesada vuelven a costar. La adrenalina ya ha bajado un poco y comienzo a sentir los primeros síntomas lógicos del cansancio tras una buena paliza y una noche estresante sin dormir. Cuando llego al filo el viento aprieta con violencia. Creo que he aprovechado una pequeña ventana de relativa calma. El Cerro Moño me ha dado una oportunidad. Con buena actitud sigo el descenso hasta el C1 donde llego con ganas de seguir descendiendo para huir del viento. Allí puedo encontrar ya los primeros arroyos de agua líquida potable y me sienta bien hidratarme. Bajo hasta el fondo del valle, donde el primer día monté la tienda durante un par de horas, y ahora me concentro en buscar el nevero que atraviesa el Río de las Lágrimas. Soy consciente de que a esta hora el río de las Lágrimas y el río Atuel no los puedo cruzar a pie. Es suicida. Pero hoy quiero descender todo lo posible para que el viento amaine (me he quedado algo traumado con el viento, sí). Afortunadamente, el nevero sigue atravesando el río, aunque mucho más fino. Con algo de miedo, lo cruzo y nada más pasarlo descanso unos buenos 15 minutos. Queda alrededor de 1km vadeando el río por la misma orilla. Un terreno muy complicado, de tierra suelta y desprendimientos. Piedras inestables y riesgo de caídas, esguinces y mil desdichas. Consciente de ello me obligo a tomármelo con calma, sabiendo que mi estado físico es muy limitado y fatigado. Hay algún resbalón poco reseñable. Me asombra los emanamientos de agua cristalina que salen de algunas paredes. Pura magia. Me hubiese gustado tener más conocimientos sobre geología, pues desde mi desconocimiento creo que estoy en un lugar excitante. 

Por fin llego al camino que cruza el río y sé que me restan numerosos y largos kilómetros, pero más cómodos. Un fuerte ascenso para salir del barranco de las Lágrimas me retuerce las piernas y la espalda. Pronto alcanzo el barranco Rositas que también está muy crecido. Decido no quitarme ni las botas ni el pantalón ni los calcetines y cruzar sin pensarlo mucho. Salgo empapado pero vivo. No me preocupa. Hace calor. Y mi plan es llegar al río Atuel hoy. Sigo la ruta, haciéndose ya muy pesado el avance. Cada vez más lejos del Cerro Moño. Antes de salir del Valle de las Lágrimas miro hacia mi espalda. Sé que es la última vez por esta expedición que veré al Cerro Moño directamente. De cara a cara. Sonrío y de alguna manera le doy las gracias por haberse comportado conmigo. Me lo puso difícil, pero no imposible. Cuando haces montañas de este tipo, te identificas tanto con el cerro, la ascensión… que las sientes casi como tuyas. 

Continúo la marcha mientras va apareciendo el valle del Atuel y el Cerro Sosneado en frente. Veo la ruta que quiero seguir en otra expedición para coronarlo. Va a ser tremendo, pero eso será otro relato. Este, de momento, está en las últimas páginas. Aun tengo que salvar el cruce del Río Atuel. A las 18h30 llego a la orilla del río. La primera parte del caudal se puede cruzar sin problema, porque está con poca corriente. La segunda es completamente imposible. Estoy muy cansado y no debería ni intentarlo. Lo correcto es acampar y mañana a las 8am, con el mínimo caudal y más fuerzas, atravesar el río. Pero verdaderamente quiero descansar hoy en la civilización.

Las expediciones siempre tienen sorpresas preparadas que hacen que sean muy estimulantes. El viento fue una de ellas. Y no todas iban a ser malas. El señor ganadero que había bromeado sobre los pumas aparece en la otra orilla con dos bonitos caballos. Les obliga a cruzar el cauce a pesar de que los equinos demuestran miedo. El hombre, de pocas palabras, me indica que el caballo blanco es para mí. Estoy tremendamente agradecido. Mi sorpresa aparece cuando no me ayuda a montar a lomos del animal. Él da por hecho que yo sabía. Se ríe de mí, divertido, cuando le indico que soy un hombre de ciudad. Él agarra una soga y nos lleva a mi caballo y a mí atado al suyo. Atravesamos el cauce sin contratiempos y por fin llego al coche. Le doy las gracias y le pregunto el precio. Él me indica que la voluntad. Le miro a los ojos y realmente veo en su mirada que no está pidiendo nada en concreto. Soy generoso con su ayuda, porque realmente la aprecio. Hoy por fin podré descansar y asimilar lo que he vivido estos días.

He acabado al límite. La última jornada de cumbre y retorno completo ha sido excesiva. Pero la otra alternativa era pasar otra mala noche zarandeado por el intenso viento. En esta experiencia todos nos hemos puesto al límite: el coche en el camino de ida, al límite mental y físico he estado durante varias horas. Estoy seguro que desde Pamplona mi madre tampoco ha estado tranquila a pesar de la decentemente buena interacción satelital. Todos hemos puesto de nuestra parte. Y ha valido la pena. He registrado la segunda ascensión a este inexplorado cerro. He abierto otra ruta de aproximación. Me he superado de forma llamativa. He vencido miedos y he encontrado una resistencia mental reseñable.

Conduciendo las 3h descendiendo el Valle del Atuel, descubro dolores en músculos que no sabía ni que existían. Varias contracturas en la espalda debido al peso del material. Girar el volante es un doloroso movimiento. Me detengo unos minutos para ver el hotel abandonado (totalmente desaconsejable: sucio, pintado y con… ¿indicios de ritos satánicos? (varias calaveras colgadas del techo y pintadas poco católicas)). Visito también las termas que no están calientes.

Ahora solo quiero descansar. Detecto inicio de pulmonía. En unos días prepararé mi intento al Cerro Sosneado. Llevo deseando esa cumbre varios años.

Apreciación: Encontrar mapas de calidad en Argentina me está resultando complejo. Las altitudes de las cumbres así como las curvas a nivel y otros datos son bastante imprecisos. Aquí se indican los datos de altitud que considero aproximadamente reales (una mezcla entre varios mapas, sistema GPS y puntos de información presentes en carteles). La prominencia es extremadamente compleja de calcular ya que no aparecen altitudes del collado ni de otras cumbres.


Ver datos sobre las cumbres y la ruta. Descarga el track GPS.
  • Nombre: Cerro Moño
  • Altitud: 4700m
  • Cordillera: Andes
  • Región: Malargue (Valle del Atuel, El Sosneado)
  • Prominencia: 1052m (Suponiendo que el Alto del Azufre es de menor altitud como así concuerdan la mayoría de mediciones)
  • Desnivel ascendido: 990m
  • Desnivel descendido: 253m
  • Distancia recorrida: 15.7km
  • Tiempo total: 9h
  • Elevación máxima: 2930m (C1 en el balcón del filo NE)
  • Trayecto: Roca
  • Material extra: Todo el material de una expedición
  • Localización: Valle de las Lágrimas
  • Advertencias: El cruce del Río Atuel debe realizarse con extremo cuidado a primera hora de la mañana. Atravesar los barrancos no es acción menor. Tras pasar el Barranco Rositas el track pierde la senda y se introduce en terreno complejo, mejor continuar pegado al río Lágrimas. En el emplazamiento del C1 puede aparecer viento muy intenso (en la bajada lo descubrí), y e posible que si no hay nieve no haya agua. La otra opción es seguir la ruta de mis compañeros. El terreno es mucho más exigente de lo que los datos reflejan.
  • Desnivel ascendido: 1238m
  • Desnivel descendido: 505m
  • Distancia recorrida: 11.32km
  • Tiempo total: 6h
  • Elevación máxima: 4030m (C2* antes de montarlo más abajo)
  • Trayecto: Mixto (Roca, hielo y nieve)
  • Material extra: Todo el material invernal
  • Localización: Valle de las Lágrimas, filo NE Cerro Moño
  • Advertencias: El recorrido por el filo está expuesto a viento. En un momento, a 3600m, recomiendo abandonar el filo para remontar la cara N y regresar el filo a 3750m salvando de esta manera franjas rocosas.
  • Desnivel ascendido: 1548m
  • Desnivel descendido: 3140m
  • Distancia recorrida: 26.96km
  • Tiempo total: 12h10
  • Elevación máxima: 4700m (cumbre Cerro Moño)
  • Trayecto: Mixto (Roca, hielo y nieve)
  • Material extra: Todo el material invernal
  • Localización: Valle de las Lágrimas
  • Advertencias: El trayecto hasta la cumbre presenta riesgo de caída de rocas. Casco, piolet y crampones obligatorios. Fuerte caída hacia la cara S y O del cerro. Lugar inhóspito y alejado de cualquier tipo de ayuda. Es posible que no se pueda regresar en el día si físicamente hay limitación, o si el cruce del Atuel se complica.
  • Desnivel ascendido: 3800m
  • Desnivel descendido: 3800m
  • Distancia recorrida: 54km
  • Tiempo total: 3 días
  • Elevación máxima: 4700m (cumbre Cerro Moño)
  • Trayecto: Mixto (Roca, hielo y nieve)
  • Material extra: Todo el material invernal

Aquí puedes ver la ruta de una manera interactiva, y descargar el track más abajo si te parece interesante.

Details
Ascenso al Cerro Moño